NUTRICIÓN INFANTIL PARA EL CORRECTO DESARROLLO DEL SISTEMA INMUNOLOGICO

Desarrollar un sistema inmune eficaz que sea capaz de evitar enfermedades tiene una gran relación con la alimentación de la madre durante el embarazo, del bebé en los primeros meses de vida y de la población infantil en general.

El tracto gastrointestinal, por su gran tamaño, constituye la principal superficie de intercambio y comunicación entre un individuo y el ambiente en el que vive. Aproximadamente el 80% del total de las células productoras de anticuerpos se localizan sobre todo en el intestino y esto  nos lleva a pensar que la nutrición por vía oral permite grandes oportunidades para regular la respuesta inmunológica.

El desarrollo inmunológico fetal está influido por la exposición materna a factores externos e internos, y existe un creciente interés sobre la influencia que los actuales cambios medioambientales, que incluyen la dieta, el tabaco o la exposición a agentes microbianos, pueden ejercer en el desarrollo inmunológico fetal y contribuir al reciente aumento de las enfermedades alérgicas y otros desordenes inmunitarios. Y es que el reciente aumento de la prevalencia de alergias en la primera infancia puede indicar que los acontecimientos anteriores al nacimiento juegan un papel importante de predisposición al desarrollo de la enfermedad, porque a pesar de que hay un componente hereditario en el desarrollo de las alergias, solo los cambios medioambientales pueden justificar el rápido incremento de la prevalencia de este tipo de patologías. Sin embargo, los mecanismos no están suficientemente claros por lo que aún no existen recomendaciones específicas para la prevención de este tipo de enfermedades.

Durante el embarazo el intestino del feto es estéril y las primeras bacterias que llegan al colon provienen del canal del parto. Los factores ambientales perinatales, incluyendo el tipo de parto (por cesárea o por vía vaginal) y el uso de antibióticos, influyen en la composición de la flora intestinal del recién nacido. Además, las diferencias observadas entre bebes que reciben lactancia materna o fórmulas infantiles en la colonización bacteriana intestinal y en la susceptibilidad a enfermedades intestinales o sepsis, sugieren que también los factores presentes en la leche materna juegan un papel en la educación inmunitaria del lactante.

La leche materna es el nutriente ideal para los recién nacidos. Su diversidad en componentes influye en el estado inmunológico del bebé, de tal forma que en la actualidad se considera que la leche materna, además de un alimento, es un vehículo de comunicación entre el sistema inmune de la madre y el del bebé. Muchos componentes de la leche humana todavía no se han identificado y su importancia funcional es desconocida. Pero sí se conoce que, los bebes amamantados están más protegidos frente a infecciones agudas y crónicas, y frente a ciertas enfermedades autoinmunes, en comparación con los bebes alimentados con leche de fórmula. La susceptibilidad a infecciones, alergias o enfermedades autoinmunes depende de una correcta respuesta inmune, que no está determinada solo por factores genéticos y ambientales (dieta), sino también por un proceso de maduración adecuado. En este sentido, en los países occidentales se ha producido un incremento progresivo de patologías que encuentran en el intestino el origen de la enfermedad inmunológica. Nos referimos a las alergias, las intolerancias alimentarias, y las enfermedades inflamatorias y autoinmunes. La mejora de las condiciones socioeconómicas y de higiene de la población, así como la generalización de los programas de vacunación, han modificado la exposición de los niños a los gérmenes medioambientales tradicionales.

El uso indiscriminado de antibióticos induce resistencia y modifica no solo el perfil de la población bacteriana patógena, sino también su virulencia. Por otra parte, hay una modificación cada vez más acusada del estilo de vida y alimentación tradicional mediterránea, destacando un aumento en el consumo calórico, grasas saturada, azúcares simples y productos industrialmente procesados, que va unido a una disminución en el aporte dietético de ácidos grasos poliinsaturados (omega-3) por disminución del consumo de pescado, de fibra por disminución de consumo de legumbres, de vitaminas y minerales por disminución del consumo de frutas y verduras, seguido de un largo etcétera.

Las repercusiones que estos cambios producen sobre la capacidad de respuesta del organismo y el sistema inmune están empezando a conocerse. Éstos son los motivos que han despertado un gran interés en el desarrollo de alimentos funcionales en las últimas décadas, donde el uso de determinados ingredientes y probióticos (bacterias intestinales) en la dieta del niño podrían determinar una regulación en la flora intestinal que favorecieran la prevención de enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario.

En definitiva, las estrategias nutricionales pueden contribuir a reducir la incidencia de determinadas enfermedades mediante la manipulación de la flora intestinal por la dieta.

Elena Juez. Dietista-Nutricionista

BIBLIOGRAFÍA
Anguera, Marta. Dieta para embarazadas. La Esfera de los libros. 2007. ISBN: 978-84-9734-671-9
– Guillén Sans, Concepción. La leche y la salud. La alimentación y la nutrición de la mujer durante el embarazo y la lactancia. Tactics publicidad 1993. ISBN: 84-604-8189-1
– E.Casado de Frias. Lactancia Natural. Algunos comentarios sobre su utilización en nuestro ambiente. Alim.Nutri.Salud Vol.6, nº2 pp 31-35 1999.
– I. Recio, R. López-Fandiño. Efecto en la salud de los ingredientes lácteos funcionales. Alim. Nutri. Salud. Vol.4 nº 4 pp 121-131, 2005
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